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martes, 12 de marzo de 2013

A propósito de Edith Litwin

Queridos compañeros de curso

Cuando veo que, en la bibliografía, hay un ex profesor de la carrera, me da un vuelco el corazón. Es lo que me sucedió cuando vi el video y leí los aportes de Edith Litwin.
Me pareció muy lúcido su análisis de cómo fueron cambiando los escenarios en que se incorporaron las nuevas TIC y me hizo reflexionar sobre en qué estadío de mi práctica estaré.
El año pasado co-coordiné con una compañera de Equipo, un taller para padres sobre prevención de violencia.
Ella había preparado una presentación que incluía videos, un par de ellos muy impactantes, donde se veía la incomunicación dentro de una familia.
Un obstáculo (aunque no grave) pudo haber sido que la familia no era culturalmente parecida a las de nuestro territorio. Sin embargo, el gran logro, fue que los participantes se interesaron muchísimo en la propuesta, e intercambiaron experiencias, que era lo que queríamos.
Sigo pensando en cómo y qué contenidos seleccionar para estos niños y adolescentes que tienen la info en la punta de sus dedos.
Y me gustaría compartir con Uds., un texto maravilloso, de un curso sobre Nuevas Formas de Subjetividad y Educación, que hice en 2012, en la UNC.

Ojalá les guste.


PULGARCITA1 Michel Serres
Antes de enseñar lo que sea a quien sea, al menos es necesario conocerlo.
¿Quién se presenta, hoy día, en la escuela primaria, en la secundaria, en la
universidad?
I
- Este nuevo escolar, esta joven estudiante jamás vio un ternero, una vaca, un
cerdo ni un nido. En 1900, la mayoría de los humanos sobre el planeta se
dedicaban a la labranza y al pastoreo; en 2010, Francia, como otros países
análogos, no cuenta más que con un uno por ciento de campesinos. Sin duda
es necesario ver en esto una de las más grandes rupturas de la historia desde
el Neolítico. Antiguamente referida a las prácticas geórgicas, la cultura cambia.
Aquel o aquella que les presento hoy no vive ya en compañía de seres vivos,
no habita más la misma Tierra, ya no tiene pues la misma relación con el
mundo. Él o ella sólo ve la naturaleza arcádica de las vacaciones, del ocio o del
turismo.
- Vive en la ciudad. Sus antecesores inmediatos, más de la mitad, frecuentaban
el campo. Pero él se volvió sensible a las cuestiones del medio ambiente.
Prudente, contaminará menos que nosotros, adultos inconscientes y
narcisistas.
No tiene ya el mismo mundo físico y vital, ni el mismo mundo en número,
habiendo alcanzado repentinamente el cálculo demográfico las siete mil
millones de personas.
1 Discurso pronunciado en el Instituto de Francia, durante la sesión solemne: “Los nuevos
desafíos de la educación”, del 1º marzo de 2011, ante el Ministro francés de Educación
Nacional, de la Juventud y la Vida Asociativa:
http://www.academie-francaise.fr/immortels/discours_divers/serres_2011.html
Traducción a cargo del profesor Gonzalo Aguirre, junto a Olivia Peres y Nicolás Ravignani, para
el curso “Pedagogía universitaria” de la Carrera Docente de la Facultad de Derecho
(Universidad de Buenos Aires), y el curso de posgrado “Genealogía de la formación
permanente” (Asociación Misionera de Filosofía y Ciencias de la Educación)
- Su esperanza de vida es, al menos, de ochenta años. El día de su
casamiento sus bisabuelos se habían jurado fidelidad por apenas un decenio.
Si él y ella proyectaran vivir juntos, ¿jurarían del mismo modo por sesenta y
cinco años? Sus padres heredaron cerca de los treinta años, ellos esperarán la
vejez para recibir ese legado.
No tienen más la misma vida, no viven más las mismas edades, no conocen el
mismo matrimonio ni la misma transmisión de bienes.
- Desde hace sesenta años, intervalo único en nuestra historia, él y ella no han
conocido jamás la guerra, y pronto no conocerán tampoco a sus dirigentes ni a
sus maestros. Beneficiarios del progreso de la medicina y, en farmacia, de los
analgésicos y los anestésicos, han sufrido menos, estadísticamente hablando,
que sus predecesores. ¿Han pasado hambre?
Ahora bien, religiosa o laica, toda moral se resumía en ejercicios destinados a
soportar un dolor inevitable y cotidiano: enfermedades, hambruna, crueldad del
mundo.
Ellos no tienen más el mismo cuerpo ni la misma conducta; ningún adulto supo
ni pudo inspirarles una moral adaptada.
- Mientras que sus padres fueron concebidos a ciegas, su nacimiento fue
programado. Como, para el primer hijo, la edad media de la madre creció entre
diez y quince años, los maestros no encuentran más padres de alumnos de su
misma generación.
Ellos no tienen más los mismos padres; al cambiar de sexualidad, su
genitalidad se transformará.
- Mientras que sus predecesores se reunían en clases o en anfiteatros
homogéneos culturalmente, ellos estudian en el seno de un colectivo donde se
entrecruzan muchas religiones, lenguas, orígenes y costumbres. Para ellos y
para sus maestros, el multiculturalismo es la regla desde hace algunas
décadas. ¿Durante cuánto tiempo más podrán entonar el innoble “sangre
impura” en referencia a algún extranjero?
Ellos ya no tienen el mismo mundo mundial, ya no tienen el mismo mundo
humano. Alrededor de ellos, las hijas y los hijos de inmigrantes, provenientes
de países menos ricos, vivieron experiencias vitales inversas.
Balance temporario. ¿Qué literatura, qué historia comprenderán ellos, felices,
sin haber vivido la rusticidad, las bestias domésticas y la cosecha de verano,
diez conflictos, heridos, muertos y hambrientos, cementerios, patria, bandera
ensangrentada, monumentos a los muertos, sin haber experimentado en el
sufrimiento la urgencia vital de una moral?
II- Hasta aquí el cuerpo; ahora el conocimiento.
Sus antepasados cultos tenían, detrás de ellos, un horizonte temporal de
algunos millares de años, adornados por la prehistoria, las tablillas
cuneiformes, la Biblia judía, la Antigüedad greco-latina. En adelante
multimillonario, su horizonte temporal se remonta a la barrera de Planck, pasa
por la acreción del planeta, la evolución de las especies, una paleoantropología
millonaria.
No viviendo ya el mismo tiempo, ellos entraron en otra historia.
- Son formateados por los medios de comunicación, difundidos por adultos que
destruyeron meticulosamente su facultad de atención reduciendo la duración
de las imágenes a siete segundos y el tiempo de las respuestas a las
preguntas a quince segundos, cifras oficiales; en los cuales la palabra más
repetida es “muerto” y la imagen más repetida es la de los cadáveres. A partir
de la edad de doce años, los adultos les forzaron a ver más de veinte mil de
asesinatos.
- Son formateados por la publicidad; ¿cómo podemos enseñarles que la
palabra relais en francés se escribe -ais, cuando en los anuncios de todas las
estaciones se lee –ay? ¿Cómo puede enseñárseles el sistema métrico,
cuando, del modo más ramplón del mundo la SNCF2 les otorga s’miles3?
Nosotros, adultos, doblamos nuestra sociedad del espectáculo de una
sociedad pedagógica cuya competencia aplastante, vanidosamente inculta,
eclipsa la escuela y la universidad. Para el tiempo de escucha y visión, la
seducción y la importancia [de] los medios de comunicación se apoderaron
desde hace tiempo de la función de enseñanza.
Los profesores se convirtieron en los menos atendidos de estos instructores.
Criticados, despreciados, vilipendiados, en definitiva mal pagados.
- Ellos habitan, pues, lo virtual. Las ciencias cognitivas muestran que el uso de
la red, lectura o escritura al pulgar de los mensajes, consulta de Wikipedia o de
Facebook, no excitan las mismas neuronas ni las mismas zonas corticales que
el uso del libro, de la pizarra o del cuaderno. Ellos pueden manipular muchas
informaciones a la vez. Ellos no conocen ni integran ni sintetizan como sus
antecesores.
Ya no tienen la misma cabeza.
- Por teléfono celular, ellos acceden a todas las personas; por GPS, a todos los
lugares; por la red a todo el saber; frecuentan pues un espacio topológico de
vecindades, mientras que nosotros habitábamos un espacio métrico,
referenciado por las distancias.
Ya no habitan el mismo espacio.
Sin que nos diéramos cuenta, un nuevo humano ha nacido, durante un breve
intervalo, el que nos separa de la Segunda Guerra Mundial.
Él o ella ya no tiene el mismo cuerpo, la misma esperanza de vida, no habita ya
el mismo espacio, ya no comunica de la misma manera, no percibe ya el
2 Société Nationale des Chemins de Fer Français. En español: Sociedad Nacional de
Ferrocarriles Franceses. (Nota de los T.)
3 Los s’miles (juego de palabras entre millas y sonrisas) son puntos que se acumulan
comprando en determinadas tiendas, y después pueden canjearse por distintos productos,
entre ellos, boletos de tren de la SNCF. (Nota de los T.)
mismo mundo exterior, ya no vive en la misma naturaleza; nacido bajo la
peridural y de nacimiento programado, no teme ya la misma muerte, bajo
cuidados paliativos. Sin tener ya la misma cabeza que sus padres, él o ella
conoce de otro modo.
- Él o ella escribe de otro modo. Al observarlos, con admiración, enviar, más
rápidamente de lo que yo jamás sabré hacer con mis dedos entumecidos,
enviar, digo, SMS con los dos pulgares, yo los he bautizado, con la mayor
ternura que pueda expresar un abuelo, Pulgarcita y Pulgarcito. He aquí su
nombre, más bonito que la vieja palabra, pseudo-erudita, de mecanógrafo.
Ellos ya no hablan la misma lengua. Desde Richelieu, la Academia francesa
pública, más o menos cada cuarenta años, como referencia, el diccionario de la
nuestra. En los siglos anteriores, la diferencia entre dos publicaciones se
calculaba en alrededor de cuatro a cinco mil palabras, cifras casi constantes;
entre la precedente y la próxima, será aproximadamente de treinta mil.
A este ritmo lingüístico, podemos adivinar que, dentro de pocas generaciones,
nuestros sucesores podrían encontrarse tan separados de nosotros como
nosotros lo estamos del antiguo francés de Chrétien de Troyes4. Este gradiente
da una indicación casi fotográfica de los cambios mayores que describo.
Esta inmensa diferencia, que concierne a todas las lenguas, sostiene, en parte,
la ruptura entre las ocupaciones de los años cincuenta y las de hoy. Pulgarcita
y su hermano no se aplicarán ya a los mismos trabajos.
La lengua ha cambiado, el trabajo ha mutado.
III- El individuo…
Mejor aún, los que han devenido individuos. Inventado por San Pablo, al
principio de nuestra era, el individuo acaba de nacer sólo en estos días. ¿Nos
damos cuenta hasta qué punto vivimos de pertenencias, desde antaño hasta
4 Chrétien de Troyes (hacia 1135– hacia 1190), sería el primer “novelista” de Francia. (N. de T.)
hace poco? Franceses, católicos o judíos, gascones, ricos o pobres, mujeres u
hombres… pertenecemos a regiones, religiones, culturas, rurales o urbanas, a
grupos singulares, pueblos, un sexo, la patria. A causa de los viajes, las
imágenes, la red, las guerras abominables, esos colectivos prácticamente han
explotado. Aquellos que aún perduran, se dirigen hoy, rápido, a su estallido.
El individuo ya no sabe vivir en pareja, se divorcia; ya no sabe estar en clase,
está inquieto y charla; ya no reza en la parroquia; el Mundial de Fútbol pasado
(Sudáfrica 2010) nuestros futbolistas no han sabido conformar un equipo;
¿saben todavía nuestros políticos construir un partido? Por todos lados se dice
“muerte de las ideologías”; son las pertenencias que ellas reclutaban, las que
se desvanecen.
Este individuo recién nacido anuncia más bien una buena nueva. Al equilibrar
los inconvenientes del egoísmo y de los crímenes de guerra cometidos por y
para la libido de pertenencia –centenas de millones de muertos–, yo amo a
estos muchachos.
Dicho esto, quedan por inventar nuevos lazos. Como testimonio, el
reclutamiento de Facebook, casi equipotente a la población mundial.
Como un átomo sin valencia, Pulgarcita está completamente desnuda.
Nosotros, adultos, no hemos inventado ningún lazo social nuevo. La empresa
de la crítica y de la sospecha más bien los deconstruyeron.
Rarísimas en la historia, estas transformaciones, que yo llamo “hominiscentes”
[hominescentes en el original francés], crean, en el medio de nuestro tiempo y
de nuestros grupos, una grieta tan grande que pocas miradas la han apreciado
en su verdadera dimensión.
Yo la comparo, lo repito, con aquellas que operaron en el Neolítico, en la
aurora de la ciencia griega, en los comienzos de la era cristiana, en el fin de la
Edad Media y el Renacimiento.
Sobre el labio superior de esta falla, hete aquí a los muchachos a los que
nosotros pretendemos impartir la enseñanza, en el seno de marcos que datan
de una edad que ellos ya no reconocen: edificios, cursos de recreación, aulas,
bancos, escritorios, anfiteatros, campus, bibliotecas, incluso laboratorios, iba a
decir saberes… marcos que datan, digo, de un tiempo y adaptados a una era
en las que los hombres y el mundo eran lo que ya no son.
IV- ¿Qué transmitir? ¡El saber!
Tres cuestiones, por ejemplo: ¿Qué transmitir? ¿A quién transmitirlo? ¿Cómo transmitirlo?
Antaño y hace poco, el saber tenía como soporte el cuerpo mismo del
conocedor, del aedo o griot5. Una biblioteca viviente… hete ahí el cuerpo
enseñante del pedagogo.
Poco a poco, el saber se objetivó primero en los rollos, papiros o pergaminos,
soporte de escritura, luego, desde el Renacimiento, en los libros de papel,
soportes de imprenta, en fin, hoy día, en la pantalla, soporte de mensajes y de
información.
La evolución histórica del par soporte-mensaje es una buena variable de la
función de enseñanza. Sumariamente, la pedagogía cambió tres veces: con la
escritura, los griegos inventaron la paideia; a continuación de la imprenta, los
tratados de pedagogía pulularon. ¿Y hoy día?
Repito. ¿Qué transmitir? ¿El saber? Helo ahí, por todas partes en la red,
disponible, objetivado. ¿Transmitirlo a todos? Desde ahora, todo el saber es
accesible a todos. ¿Cómo transmitirlo? Listo, ya está.
Con el acceso a las personas, por teléfono celular, con el acceso a todos los
lugares, por GPS, el acceso al saber está a partir de ahora abierto. De una
cierta manera, está siempre y por todas partes ya transmitido.
Objetivado, cierto, pero, más aún, distribuido. No concentrado. Vivíamos en un
espacio métrico, digo, referido a centros, a concentraciones. Una escuela, una
clase, un campus, un anfiteatro, hete aquí concentraciones de personas,
estudiantes y profesores, libros, en bibliotecas, muy grandes diríamos,
5 Los griot son un tipo de narradores o rapsodas tribales africanos, cuyas raíces alcanzan los
1600 años de antigüedad o más. (Nota de los T.)
instrumentos en los laboratorios… ese saber, esas referencias, esos libros,
esos diccionarios… helos ahí distribuidos por todas partes y, en particular, en
sus casas; mejor aún, en todos los lugares por los que ustedes se mueven;
estando allí, pueden tocar a sus colegas, a sus alumnos, por donde ellos
pasan; ellos les responden fácilmente.
El antiguo espacio de las concentraciones – este mismo donde yo hablo y
ustedes me escuchan, ¿qué estamos haciendo aquí? – se diluye, se esparce;
nosotros vivimos, ya lo he dicho, en un espacio de vecindades inmediatas, más
aún, distributivo. – Podría hablarles desde mi casa o desde otro lado, y ustedes
me escucharían desde cualquier lado o desde sus casas.
Ante todo que no se diga que al alumno le faltan funciones cognitivas que
permitan asimilar el saber así distribuido, ya que, justamente, esas funciones
se transforman con el soporte. A través de la escritura y de la imprenta, la
memoria, por ejemplo, mutó a tal punto que Montaigne quiso una cabeza bien
hecha antes que una cabeza bien llena. Esta cabeza ha mutado.
De la misma manera que la pedagogía fue inventada (paideia) por los Griegos,
al momento de la invención de la escritura; de la misma manera que esta se
transformó cuando surgió la imprenta, en el Renacimiento; de la misma
manera, la pedagogía cambia totalmente con las nuevas tecnologías.
Y, lo repito, estas no son más que unas variables cualquiera entre la decena o
la veintena que podría enumerar.
Ese cambio tan decisivo de la enseñanza, – cambio que repercute sobre el
espacio entero de la sociedad mundial y el conjunto de sus anticuadas
instituciones, cambio que no sólo toca, y de lejos, la enseñanza, sino también,
indudablemente el trabajo, la política, el conjunto de nuestras instituciones –
nosotros sentimos que tenemos una necesidad urgente de él, pero todavía
estamos lejos; probablemente, porque aquellos cambios que llevan aún la
transición a través de sus últimos estados todavía no han emprendido la
retirada, en tanto diligencian las reformas según modelos hace mucho tiempo
desvanecidos.
Habiendo enseñado durante cuarenta años en casi todas las latitudes del
mundo, donde esta grieta también se abre tan claramente como en mi propio
país, he soportado, he sufrido esas reformas como un yeso en una pata de
palo, como un remiendo; ahora bien el yeso daña la tibia tanto como los
remiendos desgarran más todavía el tejido que pretenden consolidar.
Sí, vivimos un período comparable a la aurora de la paideia, después que los
Griegos aprendieran a escribir y demostrar; comparable al Renacimiento que
vio nacer el impreso y aparecer el reino del libro; período incomparable sin
embargo, puesto que al mismo tiempo que esas técnicas mutan, el cuerpo se
metamorfosea, cambian el nacimiento y la muerte, el sufrimiento y la curación,
el ser-en-el-mundo mismo, los oficios, el espacio y el hábitat.
V- Envío
Frente a esas mutaciones, conviene sin duda inventar inimaginables
novedades, fuera de los marcos anticuados que formatean todavía nuestras
conductas y nuestros proyectos. Nuestras instituciones brillan con un
resplandor que se asemeja, hoy día, a aquel de las constelaciones que la
astrofísica nos enseñara que estaban ya muertas desde hace largo tiempo.
¿Por qué esas novedades no han llegado todavía? Acuso de esto a los
filósofos, dentro de los cuales me cuento, gente que tiene como oficio anticipar
el saber y la prácticas por venir, y que, como yo, han, me parece, fallado en su
tarea. Comprometidos en la política del día a día, ellos no vieron venir lo
contemporáneo. Si yo hubiera tenido, en efecto, que bosquejar el retrato de los
adultos, entre los cuales me cuento, hubiera sido menos halagüeño.
Quisiera tener dieciocho años, la edad de Pulgarcita y Pulgarcito, pues todo
está por rehacer, no, pues todo está por hacer.
Deseo que la vida me deje suficiente tiempo para trabajar en ello aún, en
compañía de esos Pequeños, a los cuales he dedicado mi vida, porque
siempre los he respetuosamente amado.

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