Cuando veo que, en la bibliografía, hay un ex profesor de la carrera, me da un vuelco el corazón. Es lo que me sucedió cuando vi el video y leí los aportes de Edith Litwin.
Me pareció muy lúcido su análisis de cómo fueron cambiando los escenarios en que se incorporaron las nuevas TIC y me hizo reflexionar sobre en qué estadío de mi práctica estaré.
El año pasado co-coordiné con una compañera de Equipo, un taller para padres sobre prevención de violencia.
Ella había preparado una presentación que incluía videos, un par de ellos muy impactantes, donde se veía la incomunicación dentro de una familia.
Un obstáculo (aunque no grave) pudo haber sido que la familia no era culturalmente parecida a las de nuestro territorio. Sin embargo, el gran logro, fue que los participantes se interesaron muchísimo en la propuesta, e intercambiaron experiencias, que era lo que queríamos.
Sigo pensando en cómo y qué contenidos seleccionar para estos niños y adolescentes que tienen la info en la punta de sus dedos.
Y me gustaría compartir con Uds., un texto maravilloso, de un curso sobre Nuevas Formas de Subjetividad y Educación, que hice en 2012, en la UNC.
Ojalá les guste.
PULGARCITA1 Michel Serres
Antes de enseñar lo
que sea a quien sea, al menos es necesario conocerlo.
¿Quién se presenta,
hoy día, en la escuela primaria, en la secundaria, en la
universidad?
I
- Este nuevo escolar,
esta joven estudiante jamás vio un ternero, una vaca, un
cerdo ni un nido. En
1900, la mayoría de los humanos sobre el planeta se
dedicaban a la
labranza y al pastoreo; en 2010, Francia, como otros países
análogos, no cuenta
más que con un uno por ciento de campesinos. Sin duda
es necesario ver en
esto una de las más grandes rupturas de la historia desde
el Neolítico.
Antiguamente referida a las prácticas geórgicas, la cultura cambia.
Aquel o aquella que
les presento hoy no vive ya en compañía de seres vivos,
no habita más la misma
Tierra, ya no tiene pues la misma relación con el
mundo. Él o ella sólo
ve la naturaleza arcádica de las vacaciones, del ocio o del
turismo.
- Vive en la ciudad.
Sus antecesores inmediatos, más de la mitad, frecuentaban
el campo. Pero él se
volvió sensible a las cuestiones del medio ambiente.
Prudente, contaminará
menos que nosotros, adultos inconscientes y
narcisistas.
No tiene ya el mismo
mundo físico y vital, ni el mismo mundo en número,
habiendo alcanzado
repentinamente el cálculo demográfico las siete mil
millones de personas.
1 Discurso pronunciado en el Instituto de
Francia, durante la sesión solemne: “Los nuevos
desafíos
de la educación”, del 1º marzo de 2011, ante el Ministro francés de Educación
Nacional,
de la Juventud
y la Vida Asociativa :
http://www.academie-francaise.fr/immortels/discours_divers/serres_2011.html
Traducción
a cargo del profesor Gonzalo Aguirre, junto a Olivia Peres y Nicolás Ravignani,
para
el
curso “Pedagogía universitaria” de la Carrera Docente de
la Facultad
de Derecho
(Universidad
de Buenos Aires), y el curso de posgrado “Genealogía de la formación
permanente”
(Asociación Misionera de Filosofía y Ciencias de la Educación )
- Su esperanza de vida
es, al menos, de ochenta años. El día de su
casamiento sus
bisabuelos se habían jurado fidelidad por apenas un decenio.
Si él y ella
proyectaran vivir juntos, ¿jurarían del mismo modo por sesenta y
cinco años? Sus padres
heredaron cerca de los treinta años, ellos esperarán la
vejez para recibir ese
legado.
No tienen más la misma
vida, no viven más las mismas edades, no conocen el
mismo matrimonio ni la
misma transmisión de bienes.
- Desde hace sesenta
años, intervalo único en nuestra historia, él y ella no han
conocido jamás la
guerra, y pronto no conocerán tampoco a sus dirigentes ni a
sus maestros. Beneficiarios
del progreso de la medicina y, en farmacia, de los
analgésicos y los
anestésicos, han sufrido menos, estadísticamente hablando,
que sus predecesores.
¿Han pasado hambre?
Ahora bien, religiosa
o laica, toda moral se resumía en ejercicios destinados a
soportar un dolor
inevitable y cotidiano: enfermedades, hambruna, crueldad del
mundo.
Ellos no tienen más el
mismo cuerpo ni la misma conducta; ningún adulto supo
ni pudo inspirarles
una moral adaptada.
- Mientras que sus
padres fueron concebidos a ciegas, su nacimiento fue
programado. Como, para
el primer hijo, la edad media de la madre creció entre
diez y quince años,
los maestros no encuentran más padres de alumnos de su
misma generación.
Ellos no tienen más
los mismos padres; al cambiar de sexualidad, su
genitalidad se
transformará.
- Mientras que sus
predecesores se reunían en clases o en anfiteatros
homogéneos
culturalmente, ellos estudian en el seno de un colectivo donde se
entrecruzan muchas
religiones, lenguas, orígenes y costumbres. Para ellos y
para sus maestros, el
multiculturalismo es la regla desde hace algunas
décadas. ¿Durante
cuánto tiempo más podrán entonar el innoble “sangre
impura” en referencia
a algún extranjero?
Ellos ya no tienen el
mismo mundo mundial, ya no tienen el mismo mundo
humano. Alrededor de
ellos, las hijas y los hijos de inmigrantes, provenientes
de países menos ricos,
vivieron experiencias vitales inversas.
Balance temporario.
¿Qué literatura, qué historia comprenderán ellos, felices,
sin haber vivido la
rusticidad, las bestias domésticas y la cosecha de verano,
diez conflictos,
heridos, muertos y hambrientos, cementerios, patria, bandera
ensangrentada,
monumentos a los muertos, sin haber experimentado en el
sufrimiento la
urgencia vital de una moral?
II- Hasta
aquí el cuerpo; ahora el conocimiento.
Sus antepasados cultos
tenían, detrás de ellos, un horizonte temporal de
algunos millares de
años, adornados por la prehistoria, las tablillas
cuneiformes, la Biblia judía, la Antigüedad
greco-latina. En adelante
multimillonario, su
horizonte temporal se remonta a la barrera de Planck, pasa
por la acreción del
planeta, la evolución de las especies, una paleoantropología
millonaria.
No viviendo ya el
mismo tiempo, ellos entraron en otra historia.
- Son formateados por
los medios de comunicación, difundidos por adultos que
destruyeron
meticulosamente su facultad de atención reduciendo la duración
de las imágenes a
siete segundos y el tiempo de las respuestas a las
preguntas a quince
segundos, cifras oficiales; en los cuales la palabra más
repetida es “muerto” y
la imagen más repetida es la de los cadáveres. A partir
de la edad de doce
años, los adultos les forzaron a ver más de veinte mil de
asesinatos.
- Son formateados por
la publicidad; ¿cómo podemos enseñarles que la
palabra relais en francés se escribe -ais, cuando en los
anuncios de todas las
estaciones se lee –ay? ¿Cómo puede
enseñárseles el sistema métrico,
cuando, del modo más
ramplón del mundo la SNCF 2
les
otorga s’miles3?
Nosotros, adultos,
doblamos nuestra sociedad del espectáculo de una
sociedad pedagógica
cuya competencia aplastante, vanidosamente inculta,
eclipsa la escuela y
la universidad. Para el tiempo de escucha y visión, la
seducción y la
importancia [de] los medios de comunicación se apoderaron
desde hace tiempo de
la función de enseñanza.
Los profesores se
convirtieron en los menos atendidos de estos instructores.
Criticados,
despreciados, vilipendiados, en definitiva mal pagados.
- Ellos habitan, pues,
lo virtual. Las ciencias cognitivas muestran que el uso de
la red, lectura o
escritura al pulgar de los mensajes, consulta de Wikipedia o de
Facebook, no excitan
las mismas neuronas ni las mismas zonas corticales que
el uso del libro, de
la pizarra o del cuaderno. Ellos pueden manipular muchas
informaciones a la vez.
Ellos no conocen ni integran ni sintetizan como sus
antecesores.
Ya no tienen la misma
cabeza.
- Por teléfono
celular, ellos acceden a todas las personas; por GPS, a todos los
lugares; por la red a
todo el saber; frecuentan pues un espacio topológico de
vecindades, mientras
que nosotros habitábamos un espacio métrico,
referenciado por las
distancias.
Ya no habitan el mismo
espacio.
Sin que nos diéramos
cuenta, un nuevo humano ha nacido, durante un breve
intervalo, el que nos
separa de la Segunda
Guerra Mundial.
Él o ella ya no tiene
el mismo cuerpo, la misma esperanza de vida, no habita ya
el mismo espacio, ya
no comunica de la misma manera, no percibe ya el
2
Société Nationale des Chemins de Fer Français. En
español: Sociedad Nacional de
Ferrocarriles
Franceses. (Nota de los T.)
3
Los s’miles (juego de palabras entre millas y sonrisas) son puntos que
se acumulan
comprando
en determinadas tiendas, y después pueden canjearse por distintos productos,
entre
ellos, boletos de tren de la
SNCF. (Nota de los T.)
mismo mundo exterior,
ya no vive en la misma naturaleza; nacido bajo la
peridural y de
nacimiento programado, no teme ya la misma muerte, bajo
cuidados paliativos.
Sin tener ya la misma cabeza que sus padres, él o ella
conoce de otro modo.
- Él o ella escribe de
otro modo. Al observarlos, con admiración, enviar, más
rápidamente de lo que
yo jamás sabré hacer con mis dedos entumecidos,
enviar, digo, SMS con
los dos pulgares, yo los he bautizado, con la mayor
ternura que pueda
expresar un abuelo, Pulgarcita y Pulgarcito. He aquí su
nombre, más bonito que
la vieja palabra, pseudo-erudita, de mecanógrafo.
Ellos ya no hablan la
misma lengua. Desde Richelieu, la
Academia francesa
pública, más o menos
cada cuarenta años, como referencia, el diccionario de la
nuestra. En los siglos
anteriores, la diferencia entre dos publicaciones se
calculaba en alrededor
de cuatro a cinco mil palabras, cifras casi constantes;
entre la precedente y
la próxima, será aproximadamente de treinta mil.
A este ritmo
lingüístico, podemos adivinar que, dentro de pocas generaciones,
nuestros sucesores
podrían encontrarse tan separados de nosotros como
nosotros lo estamos
del antiguo francés de Chrétien de Troyes4. Este gradiente
da una indicación casi
fotográfica de los cambios mayores que describo.
Esta inmensa
diferencia, que concierne a todas las lenguas, sostiene, en parte,
la ruptura entre las
ocupaciones de los años cincuenta y las de hoy. Pulgarcita
y su hermano no se
aplicarán ya a los mismos trabajos.
La lengua ha cambiado,
el trabajo ha mutado.
III- El
individuo…
Mejor aún, los que han
devenido individuos. Inventado por San Pablo, al
principio de nuestra
era, el individuo acaba de nacer sólo en estos días. ¿Nos
damos cuenta hasta qué
punto vivimos de pertenencias, desde antaño hasta
4 Chrétien de Troyes (hacia 1135– hacia
1190), sería el primer “novelista” de Francia. (N. de T.)
hace poco? Franceses,
católicos o judíos, gascones, ricos o pobres, mujeres u
hombres… pertenecemos
a regiones, religiones, culturas, rurales o urbanas, a
grupos singulares,
pueblos, un sexo, la patria. A causa de los viajes, las
imágenes, la red, las
guerras abominables, esos colectivos prácticamente han
explotado. Aquellos
que aún perduran, se dirigen hoy, rápido, a su estallido.
El individuo ya no
sabe vivir en pareja, se divorcia; ya no sabe estar en clase,
está inquieto y
charla; ya no reza en la parroquia; el Mundial de Fútbol pasado
(Sudáfrica 2010)
nuestros futbolistas no han sabido conformar un equipo;
¿saben todavía
nuestros políticos construir un partido? Por todos lados se dice
“muerte de las
ideologías”; son las pertenencias que ellas reclutaban, las que
se desvanecen.
Este individuo recién
nacido anuncia más bien una buena nueva. Al equilibrar
los inconvenientes del
egoísmo y de los crímenes de guerra cometidos por y
para la libido de pertenencia
–centenas de millones de muertos–, yo amo a
estos muchachos.
Dicho esto, quedan por
inventar nuevos lazos. Como testimonio, el
reclutamiento de
Facebook, casi equipotente a la población mundial.
Como un átomo sin
valencia, Pulgarcita está completamente desnuda.
Nosotros, adultos, no
hemos inventado ningún lazo social nuevo. La empresa
de la crítica y de la
sospecha más bien los deconstruyeron.
Rarísimas en la
historia, estas transformaciones, que yo llamo “hominiscentes”
[hominescentes
en el
original francés], crean, en el medio de nuestro tiempo y
de nuestros grupos,
una grieta tan grande que pocas miradas la han apreciado
en su verdadera
dimensión.
Yo la comparo, lo
repito, con aquellas que operaron en el Neolítico, en la
aurora de la ciencia
griega, en los comienzos de la era cristiana, en el fin de la
Edad Media y el
Renacimiento.
Sobre el labio
superior de esta falla, hete aquí a los muchachos a los que
nosotros pretendemos
impartir la enseñanza, en el seno de marcos que datan
de una edad que ellos
ya no reconocen: edificios, cursos de recreación, aulas,
bancos, escritorios,
anfiteatros, campus, bibliotecas, incluso laboratorios, iba a
decir saberes… marcos
que datan, digo, de un tiempo y adaptados a una era
en las que los hombres
y el mundo eran lo que ya no son.
IV- ¿Qué
transmitir? ¡El saber!
Tres
cuestiones, por ejemplo: ¿Qué transmitir? ¿A quién transmitirlo? ¿Cómo
transmitirlo?
Antaño y hace poco, el
saber tenía como soporte el cuerpo mismo del
conocedor, del aedo o griot5. Una biblioteca viviente… hete ahí el cuerpo
enseñante del
pedagogo.
Poco a poco, el saber
se objetivó primero en los rollos, papiros o pergaminos,
soporte de escritura,
luego, desde el Renacimiento, en los libros de papel,
soportes de imprenta,
en fin, hoy día, en la pantalla, soporte de mensajes y de
información.
La evolución histórica
del par soporte-mensaje es una buena variable de la
función
de enseñanza. Sumariamente, la pedagogía cambió tres veces: con la
escritura, los griegos
inventaron la paideia; a continuación de la imprenta, los
tratados de pedagogía
pulularon. ¿Y hoy día?
Repito. ¿Qué
transmitir? ¿El saber? Helo ahí, por todas partes en la red,
disponible,
objetivado. ¿Transmitirlo a todos? Desde ahora, todo el saber es
accesible
a todos. ¿Cómo transmitirlo? Listo, ya está.
Con el acceso a las
personas, por teléfono celular, con el acceso a todos los
lugares, por GPS, el
acceso al saber está a partir de ahora abierto. De una
cierta manera, está siempre
y por todas partes ya transmitido.
Objetivado,
cierto, pero, más aún, distribuido. No concentrado. Vivíamos en un
espacio métrico, digo,
referido a centros, a concentraciones. Una escuela, una
clase, un campus, un
anfiteatro, hete aquí concentraciones de personas,
estudiantes y
profesores, libros, en bibliotecas, muy grandes diríamos,
5 Los griot son un tipo de narradores o
rapsodas tribales africanos, cuyas raíces alcanzan los
1600
años de antigüedad o más. (Nota de los T.)
instrumentos en los
laboratorios… ese saber, esas referencias, esos libros,
esos diccionarios…
helos ahí distribuidos por todas partes y, en particular, en
sus casas; mejor aún,
en todos los lugares por los que ustedes se mueven;
estando allí, pueden
tocar a sus colegas, a sus alumnos, por donde ellos
pasan; ellos les
responden fácilmente.
El antiguo espacio de
las concentraciones – este mismo donde yo hablo y
ustedes me escuchan,
¿qué estamos haciendo aquí? – se diluye, se esparce;
nosotros vivimos, ya
lo he dicho, en un espacio de vecindades inmediatas, más
aún, distributivo. –
Podría hablarles desde mi casa o desde otro lado, y ustedes
me escucharían desde
cualquier lado o desde sus casas.
Ante todo que no se
diga que al alumno le faltan funciones cognitivas que
permitan asimilar el
saber así distribuido, ya que, justamente, esas funciones
se transforman con el
soporte. A través de la escritura y de la imprenta, la
memoria, por ejemplo,
mutó a tal punto que Montaigne quiso una cabeza bien
hecha antes que una
cabeza bien llena. Esta cabeza ha mutado.
De la misma manera que
la pedagogía fue inventada (paideia) por los Griegos,
al momento de la
invención de la escritura; de la misma manera que esta se
transformó cuando
surgió la imprenta, en el Renacimiento; de la misma
manera, la pedagogía
cambia totalmente con las nuevas tecnologías.
Y, lo repito, estas no
son más que unas variables cualquiera entre la decena o
la veintena que podría
enumerar.
Ese cambio tan
decisivo de la enseñanza, – cambio que repercute sobre el
espacio entero de la
sociedad mundial y el conjunto de sus anticuadas
instituciones, cambio
que no sólo toca, y de lejos, la enseñanza, sino también,
indudablemente el
trabajo, la política, el conjunto de nuestras instituciones –
nosotros sentimos que
tenemos una necesidad urgente de él, pero todavía
estamos lejos;
probablemente, porque aquellos cambios que llevan aún la
transición a través de
sus últimos estados todavía no han emprendido la
retirada, en tanto
diligencian las reformas según modelos hace mucho tiempo
desvanecidos.
Habiendo enseñado durante
cuarenta años en casi todas las latitudes del
mundo, donde esta
grieta también se abre tan claramente como en mi propio
país, he soportado, he
sufrido esas reformas como un yeso en una pata de
palo, como un
remiendo; ahora bien el yeso daña la tibia tanto como los
remiendos desgarran
más todavía el tejido que pretenden consolidar.
Sí, vivimos un período
comparable a la aurora de la paideia, después que los
Griegos aprendieran a
escribir y demostrar; comparable al Renacimiento que
vio nacer el impreso y
aparecer el reino del libro; período incomparable sin
embargo, puesto que al
mismo tiempo que esas técnicas mutan, el cuerpo se
metamorfosea, cambian
el nacimiento y la muerte, el sufrimiento y la curación,
el ser-en-el-mundo
mismo, los oficios, el espacio y el hábitat.
V- Envío
Frente a esas
mutaciones, conviene sin duda inventar inimaginables
novedades, fuera de
los marcos anticuados que formatean todavía nuestras
conductas y nuestros
proyectos. Nuestras instituciones brillan con un
resplandor que se asemeja,
hoy día, a aquel de las constelaciones que la
astrofísica nos
enseñara que estaban ya muertas desde hace largo tiempo.
¿Por qué esas
novedades no han llegado todavía? Acuso de esto a los
filósofos, dentro de
los cuales me cuento, gente que tiene como oficio anticipar
el saber y la
prácticas por venir, y que, como yo, han, me parece, fallado en su
tarea. Comprometidos
en la política del día a día, ellos no vieron venir lo
contemporáneo. Si yo
hubiera tenido, en efecto, que bosquejar el retrato de los
adultos, entre los
cuales me cuento, hubiera sido menos halagüeño.
Quisiera tener
dieciocho años, la edad de Pulgarcita y Pulgarcito, pues todo
está por rehacer, no,
pues todo está por hacer.
Deseo que la vida me
deje suficiente tiempo para trabajar en ello aún, en
compañía de esos
Pequeños, a los cuales he dedicado mi vida, porque
siempre los he
respetuosamente amado.

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